¿De veras tenemos libertad de elegir pareja?

En un artículo del New York Times publicado el 16 de julio 1913, el Dr. D.S. Jordan, de la Universidad de Leland Standford, se expresó como definitivamente en contra de cualquier tipo de interferencia oficial en el curso del amor romántico, y dijo que ‘Creo que la libre elección por parte de los hombres (sic) de su propia pareja supera a cualquier otro sistema de maquinaria oficial, ya que tiende a perpetuar dos cosas que podrían acabar eliminadas si fuera dirigida; la iniciativa y el afecto. Hay equivocaciones, por supuesto, pero los errores serían al menos igualmente numerosos con cualquier otro sistema.’

Francisco Pons Arnau
Eating fruit by Francisco Pons Arnau 1886-1953

 

Por tanto se hace evidente por qué a menudo repetimos los mismos errores al elegir una pareja: estamos una vez más embarrancados en nuestras cómodas creencias falsas, habiendo amasado -gracias a nuestro entorno oficial– una gama de opiniones utilizables como si fueran un abrelatas, para ayudarnos a juzgar y cualificar a un candidato. Así que elegimos a alguien que encaja con nuestra visión del mundo, alguien que parece llenar la cesta de las necesidades o se ajusta al modelo de nuestra pareja ideal y, cual guinda, a alguien que nos hace reír i sentir cómodos.

Creo personalmente que he elegido a personas que encajaban en un molde: él de las que sentía que necesitaban atención, deseos de tener su visión del mundo confirmado y consolidado y a las cuales luego podría culpar por mi propia falta de iniciativa al sacrificarme por ellas.  Un caso clásico de bloqueo deliberado, la creación de normas absurdas. Me creo un marco, un terreno de juego para mí dentro del cual, por un lado me siento seguro, y por otro, restringido. Total, una excusa, y siempre me queda la opción de imaginar que fue ella la que me frenó, que me absuelve de la responsabilidad de vivir mi propia vida. Todavía busco a alguien que cuide de mí, que me proporcione lo que me gustaría tener, actividades que sólo aún no me atrevo a hacer. Habrá que descomplicarse.

Sin embargo, si hablar abiertamente con tu pareja está en el orden del día, no hay ninguna razón por la que cualquiera de estas normas absurdas no puedan al fin borrarse, en el supuesto de que cada uno se encuentre listo y dispuesto a mirarse al espejo que la otra persona tan amablemente le sostiene. Dispuesto a corregir los defectos reflejados, sin resbalar por la pendiente fangosa en una lucha de orgullos con la pareja.

Nuestra razón de ser, por tanto, deviene en el reto de vivir dentro de la zona de confort personal que nos hayamos fijado, pero estos límites están condicionados por las experiencias anteriores, la perspectiva de los progenitores y las funciones genéticas derivadas de todo tipo de artimañas ancestrales. Lo que funcionó para la supervivencia en el pasado es estadísticamente una buena apuesta ahora, pero no significa necesariamente que estemos llevando a cabo todo aquello de lo que somos capaces. Abandonar tales valores límite, guiándonos sólo por los sentimientos, el corazón, el amor romántico, podría significar, por ejemplo, juntarnos con una persona tan totalmente diferente a ‘nosotros’ (es decir, cómo creemos que somos, no quiénes somos en nuestra esencia natural, desvestida) que tendríamos que cortar los lazos familiares, tradiciones o hábitos, al 100%. Qué miedo, ¿no? ¿Hasta qué punto seremos capaces de disfrutar de nuestras diferencias?

Aún así, el peligro de salir de nuestras prisiones impuestas con una nueva pareja puede significar saltar de la sartén al fuego. No seria tan extraño vernos tentados a compensar en exceso las nuevas circunstancias, mediante la adopción de otro conjunto de valores con los que una vez más nos sentiríamos incómodos -aunque por motivos distintos- y luego tener que adaptarnos al nuevo marco con desgana.

Llegado a tal punto, en un mundo ideal deberíamos dejarnos cuestionar lo que de veras sentimos en cuanto a la relación y si nos engañamos una vez más con razones para continuar en ella. Es esencial, entonces, no permitir que la racionalidad nos domine, sino estar preparados para hacer los cambios que consideremos necesarios, incluyendo una separación. La dificultad radica en entender en qué medida las complicaciones que experimentamos con la nueva pareja son de nuestra propia elaboración o sean producto de alguna afectación en su personalidad que sencillamente sabemos que no soportamos. Come con la boca abierta, por ejemplo, o que sólo habla en singular. Los motivos racionales no nos llevarán a ninguna parte si están en desacuerdo con nuestras vísceras.

Cualquier padecimiento en la comunicación debe ser tratada lo antes posible con el fin de no permitir que arda lentamente, ya que el más mínimo soplo de viento puede provocar un incendio forestal imparable. Es mejor provocar una combustión limpia, una llamarada controlable. Hablarlo con calma y justicia, apoyo y crítica constructiva. Discutirlo si hace falta, sin llegar a las manos, por supuesto. En las parejas que funcionan bien, poco se oculta o se reprime, el orgullo se traga, las diferencias se aceptan y se desactiva la bomba de relojería. Si eso no se logra lo más probable es que haya un cortocircuito intrínseco y la reconciliación se haga imposible, por mucho que te hayas convencido que el otro es lo que siempre has querido. Sin embargo, si los dos estáis dispuestos a enfrentaros a vuestros propios demonios, prejuicios y bloqueos, o al menos a aceptar que lo que veis en el espejo no es un guerrero agresivo tratando de derribar tus muros de defensa, sino un amable reflejo de cómo te ves y cómo reaccionas a los demás, todavía hay esperanza.

‘Selección natural’, REFLEJOS, 2014

Interludio musical: Al Green – Let’s stay together

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¿Opuestos o complementarios?

Virgin

 

Black and white, good and bad, Yin and Yang, plus and minus, always separated, never united…